BIO
MARCOS ALONSO HERNÁNDEZ

Escritor de novela y relatos, amante de la poesía nacido en Carrizal de Ingenio, Gran Canaria en 1963

INFO GENERAL

Lcdo en Geografía e Historia por la Facultad de La Laguna, Profesor de Secundaria en el IES Joquín Artiles. Desde joven escribe poesía y desde 2008 también narrativa. Ha escrito la novela colectiva “Oscurece en Edimburgo” (2011); y “Andamana, la reina mala” (2013); ha publicado diversos relatos en publicaciones colectivas: “La otra Navidad”, “Con un par de narices”, “Historias de portería” “¿Vacaciones?, si tú supieras…”. Ha publicado diversos microrrelatos, relatos poemas en los cinco números de la revista literaria Esfera Cultural (2009-2012). Seleccionado un poema para el libro colectivo de “Poetas canarios en EL Hierro” WPM, 2012 y en el libro colectivo “Con otra mirada”, 2011. Escribe artículos de opinión, narrativa y poesía en su blog personal “Tintaentrepapeles”; colabora asíduamente en la revista La Esfera Cultural y en el blog del mismo nombre y ha participado en otros blogs como Órbita literaria. Dirige el blog “El lagarto escribidor” del Club de lectura del IES Joaquín Artiles. Recientemete ha participado en el libro colectivo “Los despojos del REC” (Barcelona, 2014), en el que participan 70 microrrelatistas de toda España y otros tantos ilustradores.Tiene un libro de relatos que se publicará próximamente “Historias de microtintas” y está ultimando su segunda novela “Tras la sonrisa”.

Siempre me ha costado decir algo de mí, no es por preservar mi intimidad, digamos que es más bien porque aún me estoy conociendo. Nací un 19 de junio de 1963. De pequeño oía decir que los niños los traían las cigüeñas o los aviones, eso nunca me extrañó porque yo nací en el aeropuerto de Gando, donde los empleados de una empresa dedicada al suministro de combustible, como mi padre, disponían de una coqueta casita que incluía una parte trasera donde teníamos todo tipo de animalitos junto a unas parras. Son recuerdos muy difusos, porque pronto nos trasladamos al pueblo más cercano, Carrizal. Ahí ya se mezclan todas esas vivencias marcadas por los colegios masificados de aquella generación del baby boom, la fiestas con ese regusto religioso y la exaltación patriótica, las “guirreas” entre los distintos barrios, los juegos y las continuas gamberradas… Las horas, las tardes y los días fueron pasando, casi sin darnos cuentas, en medio de esas calles de tierra y los solares entre casa descarnadas.


La adolescencia llegó en medio de una realidad más sombría, cuando los años de la Transición coincidiendo con una brutal crisis económica, entonces llegó el paro, la droga y el instituto. Y todo se venía abajo: el pensamiento único, los viejos valores, se movieron los altares y cayeron los héroes y aquellos personajes de referencia que marcaban el camino que se volvió difuso. En ese ambiente efervescente surgió un vicio, casi una droga dura, y desde entonces soy adicto, reincidiendo una y otra vez. Así los versos se contagiaron de los nuevos aires románticos, en los que nos proponíamos cambiar el mundo. Recuerdo que hice mi primer poema en 7º de EGB y desde entonces corrieron tintas poéticas por mis venas de adolescencia y juventud; luego, a medida que me fui haciendo gris, y como suelen decir e fui haciendo responsable: los estudios, el trabajo, la familia, la poesía fue desapareciendo de mi vida sin darme cuenta.


Hoy en día, trabajo en la docencia desde hace 27 años, y desde casi 24 imparto clases como profesor de Geografía e Historia en un instituto que está en un lugar que me fascina: Agüimes (Gran Canaria). Cada día descubro en este pueblo sureño y en sus gentes algo nuevo que me sorprende y enamora. Hace algunos años comencé a escribir sin proponérmelo, en realidad me lo ordenaron, y sin darme cuenta fui descubriendo un mundo que me absorbe constantemente. De un simple relato salió una novela que ya ha visto a luz: “Andamana, la reina mala”, pero que, entonces, la dejaba a medias, para descubrir y aprender entre los libros, que han vuelto a mis manos, y en la red, donde he descubierto a gente maravillosa, un mundo cálido que invita a aprender y soñar mientras el tiempo se detiene.

‘Andamana no era la misma. Lo dejó de ser cuando el humo asfixió su adolescencia y el fuego su gracioso y joven rostro. La muerte trágica e inesperada de su madre pareció hundirla en un mundo gris e insensible’

Andamana, la reina mala